HOMILÍA DEL DOMINGO
P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN
Dos discípulos cercanos a Jesús han presenciado la Pasión de Cristo en Jerusalén; ellos se sintieron impotentes sin poder cómo ayudarlo o cómo librarlo de la muerte en la cruz; tristes, desconcertados y destrozados, interiormente, vuelven a Emaús; van conversando y discutiendo acerca de eso que ha pasado; posiblemente se hicieron estas preguntas: ¿Por qué los sumos sacerdotes lo entregaron para que los condenaran a muerte y lo crucificaran? ¿Por qué los sumos sacerdotes y los jefes, sabiendo que Jesús era un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante el pueblo y lo condenan a muerte en cruz? No hicimos nada, por miedo, por el Maestro; lo dejamos solo; pero en ese momento mientras conversaban y discutían, “Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”; quería animarlos, fortalecerlos y devolverles la esperanza; pero ellos no lo reconocieron; siguen discutiendo. Jesús entra en la discusión y pregunta por ella; “Cleofás le respondió: “¿Eres Tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Ellos le hablan a Jesús, acerca de la Pasón de Cristo. Estos Dos discípulos de Jesús lo tienen por profeta poderoso por sus palabras y por sus obras, ante Dios y ante todo el pueblo; no pueden entender cómo lo condenaron, se burlaron de él y crucificaron injustamente; “cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenara a muerte, y lo crucificaron”. Era la esperanza de la liberación de Israel; aunque los discípulos de Emaús han escuchado el testimonio de las mujeres que dicen que está vivo.
Jesús, en el camino de Emaús, les explica las escrituras; “¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar así en su gloria?”. Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las escrituras.” Los profetas habían profetizado la venida del Mesías y habían profetizado que sería perseguido, condenado y crucificado, pero que Dios lo resucitaría de los muertos; por la cruz se llegaba a la gloria de Dios, a la plenitud de Dios. La Pasión de Cristo era necesaria para completar la revelación de Dios.
Los discípulos de Emaús lo invitan a quedarse con ellos; “sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se le abrieron los ojos y lo reconocieron.” Ellos reconocen que el que venía caminando con ellos era el Resucitado; quien les explicaba las escritura era el Resucitado y quien parte el pan y se lo da, era el Resucitado. Los discípulos de Emaús vuelven a Jerusalén a dar testimonio a los Once. “Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.”
¿En qué momento de mi vida, descubrí que Dios caminaba conmigo?