MENSAJE DOMINICAL 13 DE SEPTIEMBRE 2026

HOMILÍA DE DOMINGO

P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN,

Vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario Mt. 18, 21 – 35

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. La impaciencia lleva a la persona a entrar en conflicto con el otro; cuando se entra en conflicto viene la ofensa, normalmente, de parte y parte: Usted ofende y el otro responde con otra ofensa, agresión, mayor; es cuando se dice tantas palabras hirientes que no son necesarias y se cae en el irrespeto, hasta llegar a la intolerancia y la violencia. La paciencia lleva a la persona a ser prudente, comprender y perdonar; para ser paciente es necesario conocer la realidad del otro, la ofensa del otro y la necesidad del otro. La paciencia conduce al perdón.

En los tiempos de Jesús y, probablemente, entre los discípulos no se tenían paciencia y venía la ofensa; de ahí la pregunta de Pedro a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” La persona puede que tenga paciencia y perdone la ofensa; pero llegará el momento en que la paciencia llega a su límite y la persona, “explota” y, cuando explota, lo hace con “rabia”, ira; echa en cara el pasado, saca a relucir los defectos, los pecados y busca humillar y someter. Para Jesús, “no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” El perdonar es de siempre. Para perdonar es necesario la humildad; el soberbio y orgulloso no perdona ni pide perdón; el humilde reconoce que ha ofendido, que se ha equivocado, que ha herido los sentimientos del otro y busca que eso otro, también, logre la paz, la reconciliación y la tranquilidad interior.

De ahí la parábola del rey que quiere ajustar las cuentas con sus criados; “al empezar a ajustarlas, le presentaron a uno que debía diez mil talentos; él arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.” El rey se compadeció del criado; comprende por lo que está pasando y lo deja marchar perdonándole la deuda; el rey le perdonó, pero este criado no quiere perdonar a su compañero que sólo le debía cien denarios; “y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes.” El compañero pide comprensión y perdonar la deuda; “ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”. El rey monta en cólera porque él lo ha perdonado, aunque la deuda es grande y él no ha perdonado a su compañero, aunque la deuda es pequeña y le dice: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti”? El rey tuvo paciencia con el criado deudor y le perdonó la deuda; pero el criado no tuvo paciencia con su compañero; si le perdonan y le han perdonado tantas culpas; también, debe perdonar las deudas de los demás.  “Lo mismo hará con ustedes mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.” Dios le ha tenido paciencia toda su vida y le ha perdonado su pecado; tenga paciencia y perdone a quien le ha ofendido.

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