MENSAJE DOMINICAL DEL PADRE HÉCTOR PEÑA, PARROCO DE SANTA
CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO DE ADVIENTO
Mt 1, 18-24
Dios eligió a cada persona desde antes de la creación del mundo; nada es por casualidad; existimos por voluntad de Dios, por designio de Él. El llamado es diferente: a unos a una vocación especial (profetas); a otros a un ministerio dentro de la Iglesia o a un apostolado; a todos a la practica de las obras de misericordia y de la caridad. El llamado de Dios se comprende a través de un discernimiento del Espíritu Santo y de la voluntad de Dios; qué es lo que Dios quiere y tiene predestinado a cada persona. De estará forma, Dios tenía un proyecto para con José: ser instrumento de la revelación y la salvación de Dios; estar al servicio de la voluntad de Dios.
“Su marido José, era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.” (v. 19) José es justo: La justicia de Dios; hombre consagrado a Dios, hombre de discernimiento de la voluntad de Dios, hombre de fe, hombre cumplidor de los mandamientos y la ley del Señor, hombre prudente, hombre con la sabiduría de Dios. “La repudia en secreto”; en otras palabras, quiere comprender los designios de Dios; quiere ponerse delante de Dios, qué es lo que Él quiere para su vida; quiere comprender los mandatos y la ley del Señor, quiere dar cumplimiento a los profetas. Repudiarla no es que nadie sepa o nadie se entere; repudiarla en secreto es dejar actuar el Espíritu Santo para comprender la voluntad de Dios.
Dios siempre coloca un ángel, en medio del camino; ese ángel puede ser en el momento de dificultad, de tomar decisiones, de tristeza, de desesperanza, de confusión o en momentos de conversión. A San José se lo puso en medio de la toma de decisiones; “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del espíritu Santo.” (v. 20) Ese ángel se puede revelar a través de personas, ¿Cuál ha sido el ángel de su vida?; a través de circunstancias, a través de acontecimientos o a través de sueños, como el de José; el sueño de José no fue tanto que se acostó y soñó; el sueño de San José fue entrar en la profundidad de Dios y comprender su santa voluntad. El sueño de José fue comprender el anuncio del profeta Isaías: “ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel.” (v. 23) José comprende todo lo que hablaron los profetas a cerca de Jesús, el Mesías y cumple en Él la voluntad de Dios.
El sueño de San José es el sueño de Dios y el sueño de la humanidad.