MENSAJE DOMINICAL 26 DE OCTUBRE 2025

MENSAJE DOMINICAL

TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lc 18, 9-15

“Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.” (Lc v. 9)

Orar es postrarse delante de Dios con su acción de gracias, con su alabanza, con su pecado, con su vida y sus dificultades; para orar el punto de partida es la HUMILDADAD; me postro ante Dios, como al único que hay que adorar; busco a Dios porque sé que Él me estaba esperando para escucharme y fortalecerme; me pongo en las manos de Dios en una actitud de fe y de confianza, porque sé que Él es mi Padre; subo al templo porque me siento necesitado de Dios, necesitado de conversión; necesitado de una vida espiritual; necesitado de alguien quien me levante y me muestre el camino. No busco a Dios para justificar mi pecado, justificar mi indiferencia o justificar toda clase de injusticia; busco a Dios para que me ayude a levantar de mi pecado, de mis caídas.

“El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.” (11-12) El orgullo y la soberbia hacen del fariseo justificarse como bueno, como cumplidor y como sincero en las practicas religiosas; se compara con los demás hombres y él no es como ellos; ayuna y da el diezmo; forma de manipular a Dios, de comprar a Dios y de justificarse ante Dios. El fariseo, en su oración, encarna la manipulación, la doble moral, la injusticia, corrupción del ser humano; los malos son los otros; ellos son los buenos. El publicano, no necesita de Dios; erguido, desafía a Dios.

“En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy un pecador.!” (v. 13)

El publicano, avergonzado por su pecado, se mantiene a distancia de Dios; no se atreve a alzar los ojos o la mirada a Dios; siente que le ha fallado, que no ha vivido según su santa voluntad; se siente un pecador. Golpear el pecho es reconocer su pecado, tomar conciencia que, lo que está haciendo, está mal; que Dios ha puesto toda la confianza en Él y lo ha defraudado; golpear el pecho es signo de arrepentimiento y de conversión; se pone en la misericordia de Dios; “¡Ten compasión de mí, que soy un pecador.!” El publicano quiere acercarse a Dios, volver a Él y a vivir según su santa voluntad.

Hagamos oración al estilo del publicano.

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