MENSAJE DOMINICAL 4 DE ENERO 2026

MENSAJE DE LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

PADRE HÉCTOR PEÑA, PARROCO DE SANTA

Mt. 2, 1-12

Con el nacimiento del Hijo de Dios; Dios se hace historia, se hace visible, se hace cercano; por eso es digno de adoración, glorificación y alabanza; “Jesús nació en Belén, en tiempo en que Herodes era rey del país” (v,2) Quien quiera ver a Dios, que se acerque; quien quiera conocerlo, siga la estrella; quien quiera tocarlo, siga el camino. El misterio de Dios se hace humano; se da a conocer y está entre nosotros.

¿Cuál es la estrella de su vida? Esa que siempre lo ha guiado en el camino. ¿Cuál estrella quiere lograr, con la ayuda de Dios? Ya tiene la estrella, sólo le falta Dios. ¿Cuál es la búsqueda de su vida? ¿Qué está buscando? Tal vez en esta búsqueda, le falta buscar a Dios. “Y la estrella que había visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.” (v. 9) En la búsqueda, déjese encontrar de Dios; él quiere escucharlo, comprenderlo y mostrarle el camino y la decisión que debe tomar. Permítale a Dios que forme parte de sus proyectos, de su caminar y de sus decisiones; perítale a Dios que sea su amigo. Los sabios de oriente, estaban en la búsqueda de Dios, lo encontraron y lo adoraron.

“Y arrodillándose le rindieron homenaje. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra.” (v. 11) Abra el corazón a Dios y entréguele su pasado, abra la mente a Dios y entréguele sus dificultades y proyectos; abra sus manos a Dios y déjese coger y abrazar por Él. Arrodíllese ante la Palabra de Dios y créale a Él; póstrese ante su presencia y escucha su voz; alce la mirada a Dios y déjese amar por Él. Hoy no le ofrezca oro, incienso y mirra; ofrézcale el sueño de su vida, ofrézcale la realidad por la que está pasando; ofrézcale lo que ha logrado hasta el momento y no deje de darle gracias; ofrézcale ese dolor y esa tristeza del pasado; ofrézcale el nuevo año que comienza; ofrézcale su familia. No le lleve oro, incienso y mirra; llévele un corazón arrepentido y una mente dócil para comprender su voluntad.

En la búsqueda de su vida; déjese encontrar por Dios.

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