MENSAJE DOMINICAL 8 DE MARZO 2026

HOMILÍA DEL DOMINGO

P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN

Jn. 4, 5-15.19B-26.39A.40-42

“Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber.” Tal vez es la sed física; es hora sexta. O tal vez es la sed de que la Samaritana conozca el don de Dios: la fe. Jesús contestó: Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice “dame de bebe”, le pedirías tú, y él te daría agua viva.” Si la Samaritana conociera la fe, como camino para la vida eterna; si la Samaritana, en ese encuentro con Jesús, en el pozo de Jacob, se convirtiera; Si la Samaritana se encontrara con Dios, nunca más tendría sed. Jesús es más que Jacob; puede dar el agua viva. Quien bebe del agua del pozo de Jacob, vuelve a tener sed y tiene que volver al pozo; el que beba el agua de Jesús, nuevo bautismo, nunca más tendrá sed y tendrá la plenitud de la vida.

La Samaritana, quiere comenzar un proceso de conversión, un proceso de fe; “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta.” La Samaritana reconoce que Jesús es un profeta; alguien que viene de Dios; Dame de esa agua viva, dame de esa Palabra viva, dame de esa misericordia viva, dame de ese perdón vivo. Dirá la Samaritana yo quiero calmar la sed que tengo de Dios; la sed de conversión. Jesús le dice que se acerca la hora y que ya ha llegado en que hay que adorar a Dios en Espíritu y verdad; ella espera al Mesías; “Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.” Ella está en esa búsqueda de Dios y por fin, lo encontró en el pozo de Jacobo; en ese encuentro Jesús le revela su identidad: “Soy Yo el que habla contigo.”; ella creyó en Jesús y se fue a donde los Samaritanos a dar testimonio; del encuentro, de la conversión y del don de la fe.

Hoy nos preguntamos: ¿Cuál es el pozo de Jacob al que tengo que ir a beber del agua viva, para nunca más tener sed? Cada Eucaristía es un pozo de agua viva; es un encuentro con Jesús; es lugar de conversión, lugar de fe, lugar para calmar la sed. Venimos sedientos de Dios, de perdón, de misericordia; venimos a calmar la sed que tenemos de Dios y nos encontramos con un Jesús que nos dice: “Dame de beber”; un Jesús que también tiene sed y quiere que yo le dé esa agua; pero también un Jesús que nos dice “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva.” Y como la mujer Samaritana, digámosle, “Señor, danos de esa agua”.

La Eucaristía es el pozo de Jacob, el agua viva, en donde nunca más tendremos sed.

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