HOMILÍA DEL DOMINGO
P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN
Décimo noveno domingo del tiempo ordinario Mt. 14, 22-33
“Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.” Todos hemos tenido, momentos en que la vida nos ha pegado una sacudida por las olas o porque el viento era contrario; sentíamos que todo se son derrumbaba, que nada nos salía bien y que habían tantas personas en contra de nosotros; fue el momento en que nos llenábamos de miedo; el miedo nos estaba consumiendo y nos estaba hundiendo; nos consumimos en la tristeza, el dolor, el desconcierto, la soledad, la depresión; sentíamos que, lo que habíamos construido con tanto esfuerzo y en tanto tiempo lo estábamos perdiendo en un instante.
Jesús se da cuenta que los discípulos se están hundiendo por miedo, por falta de fe y porque Él no va en la barca; se acerca a salvarlos; pero ellos creen ver un fantasma; “Jesús les dijo enseguida: “¿Animo, soy yo, no tenga miedo!” El miedo lleva a la la inseguridad y a tomar las peores decisiones; el miedo desconcierta, confunde y desorienta; el miedo impide ver a Dios, por eso lo confunden con un fantasma.
Pedro le pide a Jesús que si no es un fantasma lo mande ir hacia Él sobre el agua; “El de dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua a cercándose a Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame.” El miedo es el peor enemigo de la esperanza, el peor enemigo de la fe, el peor enemigo de la confianza; el miedo llevo a Pedro a hundirse; de ahí el grito de Pedro: “Señor, Sálvame.”
“En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?”. Pedro tiene dos posibilidades: 1) Se toma de la mano de Jesús y salva su vida o 2) duda de Jesús y se deja hundir. Hoy echamos la mirada a nuestra vida y nos preguntamos, ¿En qué momento de mi vida yo vi la mano de Dios? Y todos responderíamos: Cuando la vida me SACUDIO y cuando el viento esta contrario; cuando todas las personas me dieron la espalda y me quedé solo; cuando sentía que me estaba hundiendo. De hoy en adelante, también, tenemos dos posibilidades: 1) me tomo de la mano de Dios o 2) me hundo en la dificultad y en el problema. Tomémonos de la mano de Dios, Él no nos dejará hundir ante los momentos difíciles. “En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: “realmente eres Hijo de Dios.”