SEMANA SANTA
JUEVES SANTO
EN LA CENA DEL SEÑOR Jn. 13, 1-15
“Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.” La plenitud del amor de Dios está en la Cruz; la Cruz expresa y manifiesta la misericordia, la compasión y la ternura de Dios; expresa el único amor vivo y verdadero; en donde no hay engaño; quien entrega la vida por amor, ese amor se hace creíble y se hace vivible.
El jueves Santo, Jesús instituye el mandamiento del amor; “los amó hasta el extremo”. ¿Qué persona me ha amado hasta el extremo? La que trabajó incansablemente por mí, la que sacrificó su tiempo por mí y la que nunca me dejó solo, en el momento más difícil de mi vida. ¿A qué persona yo he amado hasta el extremo? Amar hasta el extremo es tener vocación de servicio; “les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros: les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan.” El amor me lleva a servir; el servicio desinteresado me lleva al verdadero amor.
El jueves Santo, Jesús instituye el sacramento de la Eucaristía; “El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.” La Eucaristía hace comunidad, hace Iglesia; en cada Eucaristía es ver a un Dios que se entrega, se da como alimento de salvación. “Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; hagan esto cada vez que lo beban, en memoria mía.” La Eucaristía es hacer memoria de la Pasión del Señor; memoria del amor de Dios, revelado en la Cruz; es beber de las fuentes de la salvación. “Pues cada vez que comen de este pan y beben del cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.”
El jueves Santo, Jesús instituye el sacramento del Orden Sacerdotal; “¿Cómo pagaré al señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.” El sacerdote es un consagrado de Dios para presidir la Eucaristía y administrar los sacramentos; es un instrumento en las manos de Dios: Instrumento de conversión, de salvación, de sanación; el sacerdote es el mediador entre lo humano y lo divino; es un elegido de Dios. “Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.” El sacerdote se pone al servicio de Dios y de su Iglesia; es que se abaja y lava los pies al pobre y al necesitado.