HOMILÍA DE DOMINGO
P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN,
Vigésimo tercer domingo del tiempo ordinario Mt. 18, 15-20
Reprender, es sinónimo de corregir o amonestar por lo que ha dicho o ha hecho; hacer caer en la cuenta el error, el pecado con el propósito de guiar a la persona a la corrección, arrepentimiento y conversión. Reprender es “echar” en cara el pecado, buscando que la persona tome conciencia; se arrepienta y cambie de vida: Conversión. El pecado, aunque es individual, afecta a la familia, la comunidad y la sociedad; nadie puede decir: “es mi vida y yo hago de mi vida lo que quiera”; o yo soy libre; “si destruyo mi vida, es mi vida, no la suya”; no es verdad, porque el pecado, aunque sea individual, trasciende la vida de la otra persona y la afecta; trasciende a la comunidad.
Reprender a tiempo, es lo que salva a la persona; si no se reprende a tiempo, el pecador sigue con su pecado y el pecado va creciendo y va afectando a más personas; por no reprender, esa persona destruyó su vida y su familia; o por reprender, se salvó a esa persona y toda su familia. “Si tu hermano peca contra ti, repréndelo a solas. Si te hace caso, has salvado a su hermano.” El primer paso es un encuentro; el pecador y la víctima del pecado; Un diálogo sincero, abierto, en donde ponen como centro la misericordia de Dios, “porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Reprender es de humanos, pero quien perdona, toca el corazón, transforma, salva y sana, es Dios.
El pecado, no solo es individual sino comunitario, afecta a la comunidad; “Si no te hace caso, llama a otro o otros dos, para que el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos.” El pecador, en la mayoría de los casos, no reconoce su pecado y las consecuencias de su pecado; se siente cómo con su pecado; es orgulloso y soberbio; para reconocer el pecado se necesita humildad y madurez en la personalidad; cuando hay dos personas que le quieren reprender, el pecador se hace más reacio o se da cuenta que ya no es uno sino dos que están viendo su pecado. Siempre hay que poner a Dios en el diálogo. “porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Si se reprende con caridad, el pecador se abre al arrepentimiento; si se reprende con “violencia”, el pecador se resiste; sólo la gracia de Dios puede obrar en el pecador.
“Si no te hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.” Jesús pide agotar todas las posibilidades en la corrección fraterna; si el pecador no se arrepiente y cambia; “considéralo como un pagano o un publicano.” Para reprender se necesita que, quien reprende, tenga la autoridad; esto es coherencia y testimonio de vida; invocar el Espíritu Santo para tener las palabras acertadas y poner a Dios en medio; sólo la misericordia de Dios puede transformar el corazón del pecador; sólo Dios puede cambiar la conducta del pecador. Reprender es un mandato de Dios.