HOMILÍA DE DOMINGO
P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN,
Vigésimo segundo domingo del tiempo ordinario Mt. 16, 21-27
Jesús les hablaba a sus discípulos, con frecuencia, de la Pasión de Cristo; pero ellos no querían saber nada de este misterio; para Jesús la Pasión de Cristo era el centro de su predicación; a los discípulos no les generaba importancia. Pedro ha hecho una profesión de fe: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.” Jesús se da cuenta que los discípulos están maduros en la fe y en el discipulado, que es hora de hablarles de la Pasión de Cristo; “en aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.” Tiene que ir a Jerusalén, padecer, ser ejecutado y resucitar al tercer día; ¿Por qué Jerusalén? ¿Por qué por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas? El misterio de la Pasión de Cristo se da en Jerusalén para recoger la muerte de los profetas y darles plenitud, a través de la cruz; Jerusalén, lugar de muerte; pero lugar, también, de vida, de resurrección, de salvación.
Pedro, no ve necesaria, para la salvación, la Pasión de Cristo; “se lo llevó a parte y se puso a increparlo: “¿Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte.” Lo increpa, le llama la atención, “no piense en la Pasión de Cristo”, “no vaya a Jerusalén a que lo crucifiquen”; “la Pasión de Cristo no puede pasarte.” Jesús lo llama Satanás, porque lo está poniendo a prueba y lo hace tropezar; “¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo; porque tú piensas como los hombres, no como Dios.” Pensar como los hombres es vivir una fe cómoda, fácil, sin dificultades; para Jesús la fe tiene que pasar por la Pasión de Cristo y por la Cruz: como lugar de discernimiento, de purificación y de “acrisolar”; lugar de conversión. La Pasión de Cristo está dentro del plan de salvación de Dios; es el centro de toda la revelación de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento; la fe tiene que pasar por la Cruz; el seguimiento a Jesús exige tomar la cruz.
Jesús de dirige, directamente, a los Doce y les dice que el seguimiento es libre; quien quiera, tiene que tomar la cruz y perder la vida por Él, el Reino de Dios; “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.” Tomar la cruz, es comprender, vivir e identificarse con la pasión de Cristo; tomar la cruz, es tomar el reino de Dios y hacerlo creíble y visible; tomar la cruz es negarse a todo lo que le ofrece el mundo y hacer una opción fundamental por la Palabra de cruz; perder la vida, pasando por la Cruz; vivir desde la cruz, predicar desde la cruz y dar testimonio del evangelio desde la Cruz.
La pasión de Nuestro Señor Jesucristo esté siempre grabada en su mente, en su corazón y en todo su ser. La pasión de Nuestro Señor Jesucristo es la plenitud de toda la revelación de Dios y de su Reino; La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es la obra perfecta del amor y la misericordia de Dios. La cruz es el camino para comprender la Pasión de Cristo. A Dios sólo se le entiende, se le vive, se le sigue y se le predica desde la cruz.