HOMILÍA DEL DOMINGO
P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN
San Pablo, saluda a la comunidad de Corinto, en el misterio de la Trinidad: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la Comunión del espíritu Santo estén siempre con todos ustedes.” Para San Pablo la Santísima Trinidad es la que hace la Comunidad, fortalece la fe de la Comunidad y anima el caminar de la Comunidad; la Santísima Trinidad es la mejor comunidad; es la que nos alegra y nos ayuda a trabajar por la perfección; es el camino para “tener un mismo sentir, para vivir en la paz.”
Moisés se dirigía a Dios como Señor; “El Señor pasó ante él proclamando: “Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.” Moisés se inclinaba y se postraba en tierra y pedía que el Señor caminara con ellos y le pedía misericordia; “perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya”. “De ahí el salmo responsorial, “Bendito eres, Señor, Dios de nuestros Padres. Bendito tu nombre, santo y glorioso.” Dios merece toda gloria y toda alabanza por todos los siglos.
Jesús se dirigía a Dios como Padre; “Nadie va al Padre sino por mí. Si me conoces a mí, conoceréis también a mi Padre, El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti.” Jesús nos acercó a un Dios como Padre: Padre amoroso, misericordioso, compasivo; un padre que acoge, que bendice y que protege; un Padre que es todo amor que “entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” El misterio de la Trinidad estaba desde antes de la creación del mundo; el Padre envió a su hijo para salvar el mundo; el Hijo envió el Espíritu Santo para recrear, iluminar y fortalecer la fe de la Iglesia naciente, a través de carismas y ministerios; los tres actúan, los tres se manifiestan; los tres forman una unidad en la diversidad. Por eso la gloria siempre de da en el Padre, y en el Hijo y en el Espíritu Santo.