HOMILÍA DEL DOMINGO
P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN
Décimo cuarto domingo del tiempo ordinario
Mt. 11, 25 – 30
Los pequeños y los humildes, verán el rostro de Dios, la gloria de Dios, la revelación de los misterios de Dios; los pequeños y los humildes, comprenderán con facilidad la Palabra de Dios, el reino de Dios, la totalidad de Dios; los pequeños y los humildes, practicarán la caridad, la misericordia y la compasión de Dios; los pequeños y los humildes, conocerán los secretos de Dios, la voluntad de Dios y la salvación de Dios; de ahí, la acción de gracias de Jesús, “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las revelado a los pequeños”. Los sabios y entendidos, quieren “pruebas”, comprobar todo por la razón y el entendimiento la existencia de Dios; los sabios y entendidos ven sólo lo que les puede dar la ciencia y capacidad humana; la fe es trascender lo humano y ver la divinidad de Dios. Los pequeños y los humildes verán el rostro de Dios.
“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”. ¿Cuál es el cansancio de tu vida? ¿De qué o de quién está cansado? El cansancio viene de un peso que tú mismo te has colocado en el pasado; el peso de tu pecado; la culpa con la que has cargado toda tu vida y hoy tienes que acercarte a Jesús para encontrar la paz interior. Cargas con la mala decisión que tomó en el pasado; cargas con esa culpa que no teja vivir en paz. Cargas con las consecuencias de ese error que cometiste cuando eras joven; cargas con el pecado del pasado que no has podido perdonar; cargas con el dolor que le has causado a tu familia; cargas con la herida de tu pasado. ¿Estás cansado y agobiado? Acércate a Jesús él te dará el perdón de tu pecado, comprenderá las malas decisiones y te dará el descanso para tu alma.
Jesús nos pide aprender dé Él, “aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Ser impaciente te lleva un cansancio espiritual; ser paciente es asumir con prudencia y sabiduría las dificultades de la vida; ser soberbio y orgulloso lo lleva a ser autoritario; ser humilde es conocer la grandeza y lo más secreto de Dios y del ser humano.