HOMILÍA DE DOMINGO
P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN
Trigesimo domingo del tiempo ordinario Mt. 22, 1-14
El prójimo es el cercano, el próximo, el que está al lado o con quien vive o con quien trabaja; para amarlo hay que relacionarse con él: Escucharlo, comprender su realidad, su pasado, su historia; aceptarlo tal como es. El amor al prójimo parte, fundamentalmente, por el respeto; “no maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fueron ustedes en la tierra de Egipto. No explotarás a viudas ni huérfanos.” No oprimas ni se aproveche del pobre; un día fuiste pobre como ellos; no explotes ni sea orgulloso; un día viviste la misma realidad; por el contrario, practica el derecho y la justicia; sea solidario con el necesitado. “Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.” Nunca te aproveches del pobre; tiéndale las manos, si puede; siempre dele la oportunidad, él se lo va a agradecer. “Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol.” Nunca te quedes con lo del pobre; nunca te aproveches del pobre y nunca humille al pobre; sea misericordioso y compasivo.
Un fariseo, doctor de la ley, quiere poner a prueba a Jesús y le hace una pregunta: “Maestro ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?” Para Jesús, el amor a Dios y, según la ley, es el primero; pero la practica de la caridad con el prójimo es el segundo; “en estos dos mandamientos sostienen la ley y los profetas.” El que ha experimentado la misericordia de Dios y se ha sentido perdonado, puede ser misericordioso y perdonar; el que se ha encontrado con Jesús y ha transformado su vida, puede encontrarse con el pecador y ser instrumentos de conversión y de salvación; el que se ha sentido amado y bendecido por Dios, puede amar y bendecir a su enemigo; el que se ha postrado ante la grandeza de Dios, puede postrarse ante la fragilidad, la enfermedad y el pecado del ser humano; el que eleva la mirada a la cruz y descubre el amor de Dios, puede ver en los pobres y marginados el rostro de Dios, la divinidad de Dios. Los dos mandamientos forman una unidad; se complementan y se relacionan; nadie puede decir yo amo a Dios y detesto al pobre o yo amo al pobre y no creo en Dios; un encuentro con Dios te llevará a un encuentro con tu prójimo; un encuentro con el prójimo te llevará a un encuentro con Dios.
“En estos dos mandamientos sostienen la ley y los profetas.” Los 2 fundamentos en los que se construye la vida espiritual de un creyente, de un religioso, de un sacerdote es el amor; el amor es creíble; el amor es visible; el amor todo lo puede; todo lo trasciende, todo lo invade; todo lo renueva; quien ama da la vida por la persona amada; quien ama sale de sí mismo, de su egoísmo, y sirve y se entrega en libertad. El que ama nunca pierde la esperanza; siempre dice ante la dificultad: “Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza”.