MENSAJE DOMINICAL 11 DE OCTUBRE 2026

HOMILÍA DE DOMINGO

P. HÉCTOR MANUEL PEÑA LANCHEROS, PÁRROCO DE LA PARROQUIA SANTA GEMA DE MEDELLÍN

Vigésimo octavo domingo del tiempo ordinario Mt. 22, 1-14

En una boda hay unos invitados, un banquete; una fiesta. Quien celebra la boda es quien invita; en el caso del evangelio es el rey quien invita a la boda de su hijo; “el reino de los cielos se parece a un rey que celebra la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir.” El que participa de la boda, del banquete, va a compartir la alegría de quien celebra; acompañarlo porque es un día muy especial; es un día distinto a todos los días y a todas las actividades que hace.

Si lo han invitado a la fiesta y al banquete es porque quiere que participe; los quieren tener en la fiesta, compartir la alegría y el momento; deben sacar el tiempo y no sacar disculpas ni ser indiferentes ante la fiesta y el banquete; “tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda.” Cuentan con su presencia; es importante en la fiesta; tiene un puesto en el banquete; es privilegiado; otros no han sido invitados; “pero ellos no hicieron caso; unos se marchó a sus tierras, otros a sus negocios; los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.” Fueron indiferentes, no les interesa la fiesta; tienen otras prioridades y, lo peor de todo, maltratar y matar a los criados que es por lo que el rey entra en cólera y los asesina y prende fuego a la ciudad.

Los invitados no eran dignos de la fiesta y del banquete; “la boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren, llámenlos a la boda.” La sala del banquete se lleno de comensales: buenos y malos, enfermos y sanos, pobres y ricos, hombres y mujeres; etc. No eran los que estaban invitados; pero como los convidados no aceptaron la invitación y asesinaron a los criados; el banquete es para excluidos, los pobres y los que quieran escuchar el llamado.

El requisito para entrar al banquete es el TRAJE DE BODA: Entrar con aptitud de fiesta, sentarse a la mesa con alegría, querer compartir con el rey y con el hijo del rey; disfrutar la fiesta y de lo que el rey ha preparado y ser agradecidos por la invitación del rey. “Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó a uno que no llevaba traje de fiesta y dijo: “Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” Uno estaba en la fiesta, sentado a la mesa, pero no tenía la aptitud celebrativa y de acción de gracia.

La eucaristía es una fiesta, un banquete; una invitación del Rey de Reyes; sólo pide que participen con el TRAJE DE BODA, APTITUD: fe, disposición, apertura, escucha, contemplación, silencio, sentarse la mesa con alegría, cantar, responder a las oraciones; vivir la celebración. No participar obligados, de mala “gana”, de indiferencia, de “rabia”, de resentimiento, de rechazo; eso no quiere Dios; los arrojará afuera a las tinieblas. Cada vez que escuchen el llamado, la invitación, a participar de la Eucaristía, háganlo con el TRAJE DE BODA; no lo hagan por curiosidad, por cumplir o por descarte. La Eucaristía es una invitación del Rey.

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